Desde los ataques que llevó a cabo Israel en Gaza el pasado mes de agosto, la comunidad internacional se ha preocupado por preservar el frágil alto el fuego entre Israel y Hamás y ha tratado de proporcionar ayuda a la reconstrucción en la franja de Gaza. Sin embargo, ninguno de esos esfuerzos aborda directamente las raíces del agravamiento que ha sufrido el conflicto. Esa es la razón de que nos encontremos seguramente en una encrucijada trascendental, que exige una reflexión y un cambio radical en la manera de pensar.

Hasta ahora, la base fundamental de la estrategia de la UE ha consistido en ayudar a los Territorios Ocupados a prepararse para ser un Estado. Los países europeos han enviado importantes cantidades de dinero para contribuir a consolidar las instituciones palestinas.

Richard Youngs
Richard Youngs is a senior fellow in the Democracy, Conflict, and Governance Program, based at Carnegie Europe. He works on EU foreign policy and on issues of international democracy.
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Ahora bien, ese interés por la construcción y consolidación de las instituciones tenía sentido, sobre todo, cuando estaba enmarcado en unas negociaciones de paz. Los países europeos, por ejemplo España, no pueden seguir dando dinero sin más si esas instituciones no pueden funcionar como órganos del Estado debidamente reconocidos.

Con las conversaciones de paz paralizadas, ahora hay que poner en tela de juicio la estrategia que ha seguido la Unión Europea desde hace 20 años. En las negociaciones hoy abandonadas, Estados Unidos intentó llegar a un acuerdo sobre un marco básico que permitiera abordar todas las cuestiones por consenso; es posible que esa forma de afrontar el problema haya perdido ya toda su utilidad.

Y ese es el motivo de que haya llegado la hora de pensar en formas más directas de hacer realidad el Estado palestino. Otra posibilidad es respaldar la incorporación de la Autoridad Palestina a la Corte Penal Internacional, con el fin de que pueda presentar demandas legales contra los soldados israelíes.

Pero, por supuesto, estas opciones no son suficientes. La UE debe ayudar también a Israel cuando plantea su preocupación, perfectamente legítima, por la seguridad. Hay que ofrecer a Israel nuevas formas de cooperación, en un intento de mejorar las relaciones y superar el bache en el que se encuentran en la actualidad.

Por otro lado, la Unión Europea debe iniciar un diálogo con Hamás. Da la impresión de que la UE cuenta con que la Autoridad Palestina va a recobrar el control de Gaza. Pero marginar a Hamás significa arriesgarse a desencadenar una situación de enorme inestabilidad, que supondría un retroceso para la causa palestina incluso aunque obtuviera el reconocimiento formal como Estado.

Ese es el dilema al que se enfrentan los países europeos. Necesitan pensar en nuevas opciones para una resolución del conflicto a largo plazo pero, al mismo tiempo, prestar atención a las necesidades inmediatas con el fin de evitar que estalle otro nuevo.

Este artículo se publicó originalmente en El Pais.